May 082015
 

Hay un motivo por el que, a mi entender, EADA era la mejor opción para mi futuro. De las escuelas de negocios que me interesaban, era la única que ofrecía una clara descripción del Programa de Desarrollo Profesional, con el que los participantes desarrollan diferentes habilidades y, así, no sólo están preparados académicamente para un trabajo, sino que también lo están para la vida.

NegotiationDurante el último módulo del programa, tuvimos la oportunidad de trabajar en la adquisición de técnicas de negociación. Y el hecho que cursáramos ese módulo en ese preciso momento me llevó a algunas reflexiones. Nos pasamos el primer trimestre intentando obtener algo de tiempo libre para nosotros, totalmente inmersos en las clases y en la preparación de exámenes, y preguntándonos si algún día conseguiríamos algo de descanso. Este trimestre algo ha cambiado y todo parece ser más fácil, somos capaces de gestionar mejor la carga de trabajo diaria y nos sentimos más cómodos con la presión de la escuela.Pero ese tiempo que hemos ganado, no es tiempo libre. Cuando terminamos la rutina del día a día, nos invaden los pensamientos sobre nuestro futuro. Reuniones con los asesores de carreras, solicitudes para intercambios, programas de posgrado, prácticas en empresas, trabajos… En esos momentos somos conducidos a otra parte, barajamos diferentes opciones para nuestra vida y, como en la película “Dos vidas en un instante”, intentamos enfrentarnos a las posibles consecuencias de las decisiones que tomemos, si nos aceptarán, si nos darán el trabajo… Lo único que sabemos seguro es que todo cambiará pronto. Nos da un poco de miedo no conseguir lo que soñamos pero, a la vez, nos hace mucha ilusión iniciar una nueva etapa. Sabemos quiénes somos, lo que valemos y para lo que estamos preparados. Ahora es sólo cuestión de tiempo hasta que consigamos nuestros objetivos y podamos poner en práctica todo lo que hemos aprendido. Entonces llegará el momento para las negociaciones de verdad. La cuestión es que no tendremos que negociar sólo con los demás, sino con nosotros mismos. Todas las opciones que se nos planteen, nos abrirán puertas diferentes, y de esas puertas entrarán personas nuevas a nuestras vidas. Personas con quienes compartiremos nuevas experiencias, emociones y expectativas. ¿Cómo podemos saber qué concesiones estamos dispuestos a hacer? ¿Cómo podemos saber cuál es el camino que debemos seguir para obtener la plena satisfacción del alma?Probablemente nunca sabremos cuál es la mejor opción para nosotros en cada momento, o quizá es que simplemente no existe una mejor opción. Siempre creemos que hay una mejor opción para todo pero, a fin de cuentas, lo que nos hace felices es el equilibrio entre lo que damos y lo que recibimos. Debemos establecer ciertas prioridades en nuestras vidas, y tener claros algunos puntos en los que fijar nuestros valores.  Después debemos negociar nuestra voluntad de tomar ciertos caminos en la vida y, con los valores bien claros, considerar si esos caminos son viables a largo plazo y si nos proporcionarán lo necesario para seguir creciendo. No hay nada seguro. Nadie nos puede asegurar que estamos siguiendo el camino correcto, porque nadie nos conoce mejor que nosotros mismos. Es momento de estar seguros de que sabemos realmente quiénes somos y aquello por lo que estamos dispuestos a luchar. Habrá mucha competencia. Cada vez hay más jóvenes que luchan por alcanzar sus objetivos pero, con un poco de intuición, seremos capaces de hacer surf sobre esa gran ola que se acerca a gran velocidad.

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