May 232016
 
Margaret Chen, presidenta de honor de China Club Spain y miembro del International Advisory Board de EADA

Margaret Chen, presidenta de honor de China Club Spain y miembro del International Advisory Board de EADA

La tenacidad, la consecución de nuevos retos y el compromiso con la comunidad china que vive en España ha marcado la exitosa carrera profesional de Margaret Chen, miembro del International Advisory Board de EADA. Fiel a su cultura, defiende el diálogo, las relaciones interpersonales y la confianza, valores que hoy más que nunca hay que defender en voz alta.

El nuevo reto que acaba de asumir Margaret Chen es la plataforma China Spain Innovation & Ventures, que está

ubicada en Barcelona y nace con el doble objetivo de fomentar el emprendimiento entre los chinos que viven en España y de proponer ideas innovadoras a empresas chinas que compiten en I+D+i. Según Chen, “desde hace algunos años en China está surgiendo una nueva generación de empresas cuyo valor diferencial es la innovación, por lo que demandan proyectos creativos que les permitan seguir avanzando en un entorno muy competitivo”. Paralelamente, añade, “entre la comunidad de chinos residentes en España ha surgido un interés creciente por emprender negocios en base a ideas innovadoras y disruptivas”.

Esta plataforma, que cuenta con el apoyo del Centro de Emprendedores de EADA, se erige como un ecosistema donde convergerán emprendedores, inversores y, también, profesores y expertos que harán seguimiento de todo el proceso de constitución de una empresa.

P: “Milagro” y “desafío chino” son los titulares que más se repiten en la prensa internacional para describir la transformación de China. ¿Usted recurriría a los mismos términos?

R: Yo también considero que el espectacular crecimiento económico de China en los últimos 30 años –un 9% anual– ha sido un milagro. Aunque este porcentaje ha bajado actualmente hasta el 7% anual no podemos hablar de desaceleración económica, como apuntan varios analistas. La economía china sigue creciendo a un ritmo óptimo.

 

P: Una de las principales críticas que hace Occidente al modelo económico chino es el excesivo control gubernamental. ¿Está de acuerdo?

R: Es cierto que hay un gran intervencionismo estatal en los sectores clave de la economía del país aunque también es verdad que este control cada vez es menor y que se está evolucionando hacia una economía de mercado. En todo caso, esa centralidad del gobierno ha sido clave para que China se convirtiera en la primera economía mundial. Por ejemplo, el gobierno ejerce un cierto control sobre las empresas para que la riqueza que generan se quede en el país y para fomentar el consumo interno. También esa centralidad ha permitido agilizar la construcción de un gran número de carreteras, puertos, aeropuertos, redes ferroviarias y redes de telecomunicaciones.

P: ¿China ha dejado de ser la fábrica del mundo?

R: China ha pasado del made in China al invented in China. Con ello, ha conseguido superar la lacra que arrastraba hacía años de ser la fábrica del mundo con mano de obra barata y productos de baja calidad. Ahora, en cambio, China se asocia a la innovación, a la investigación científica y al espíritu emprendedor. Además, tiene una mano de obra más cara debido a que los sueldos se han doblado en los últimos años. En China quien tiene una buena idea de negocio cuenta con incentivos públicos. De ahí el auge en los últimos años de parques tecnológicos y científicos donde se concentra un gran número de joint ventures con capital extranjero. Además, las nuevas startups no aspiran a copiar modelos existentes sino a crear patentes.

P: Aparte de la innovación, ¿qué otros factores han llevado a China a ser la primera potencia económica mundial?

R: Uno de los más importantes es su masa de población. China es hoy en día la nación más poblada del mundo. Cualquier innovación o producto nuevo tiene más impacto que en un país pequeño. A esto cabe añadir el incremento de personas cualificadas. Por ejemplo, cada año se licencian dos millones de ingenieros. Ahí radica el éxito de empresas como Huawei, que tiene 15.000 personas desarrollando soluciones innovadoras y que en el sector de las comunicaciones digitales lidera el ranking de solicitudes de patentes –en 2015 presentó un total de 1.197 patentes–. El sueño de muchos chinos es trabajar en empresas innovadoras como Huawei, Alibaba, Lenovo, Tencent, Baidu, Haier o Xiaomi, en muchas de las cuales pueden llegar a ser accionistas.

P: ¿Cuál es el impacto internacional de la revolución tecnológica que está protagonizando China?

R: Yo destacaría sobre todo su capacidad de generar estándares que se exportan a otros países. En el sector de IT tenemos varios ejemplos, como la exitosa app Myldol, que permite escanear nuestra cara y generar un muñeco virtual, o WeChat, una app de Tencent que en el primer trimestre de este año ha alcanzado los 549 millones de usuarios en más de 200 países. Tampoco podemos pasar por alto la incursión de Alibaba en el jugoso mercado de la realidad virtual, cuyos avances han despertado el interés de importantes compañías tecnológicas de todo el mundo. Lo mismo podemos decir de los últimos avances en el campo de la biomedicina, pues los investigadores chinos han sido los primeros en usar la edición de genes para modificar embriones humanos de una clínica de fertilización in vitro.

P: ¿Qué rol tendrá China en el potente eje Asia-Pacífico?

R: China está liderando este eje, que será en un futuro el nuevo centro económico y financiero mundial. Prueba de ello es la Ruta de la Seda del siglo XXI, lo que se ha denominado One Belt One Road (Una franja y una ruta), un ambicioso proyecto que consiste en unir China con el resto de Asia, Europa y África a través de rutas terrestres (ferrocarriles, aeropuertos, carreteras y redes financieras) y marítimas (nuevos puertos y relaciones comerciales marítimas). Se trata de una estrategia del gobierno chino para establecer nuevas alianzas internacionales e impulsar vínculos comerciales, financieros y de comunicaciones. Para llevar a cabo esta iniciativa China ha creado The Asian Infraestructure Investment Bank, al que ya se han adherido más de 60 países de todo el mundo –entre los cuales están España y Reino Unido– y que ha aprobado un fondo de inversión específico para la Ruta de la Seda.

P: Como miembro del International Advisory Board (IAB) de EADA, ¿cómo está viviendo la apertura de la escuela de negocios hacia el mercado chino?

R: Pues con mucho entusiasmo e ilusión. Con Jordi Díaz, director de Programas de EADA, hemos cerrado varios convenios con prestigiosas universidades del país, como la Shanghai International Studies University (SISU), la School of Economics and Management Tongji University o, también, la International Business School Suzhou (IBBS) –que forma parte de la Xi’an Jiatong University de China y de la University of Liverpool (XJTLU)–. Hemos llegado a varios acuerdos de colaboración que pasan por el intercambio de estudiantes y de profesores, proyectos conjuntos de investigación académica, networking y prácticas en empresas de ambos países.

P: ¿Qué oportunidad representa para EADA esta relación cada vez más estrecha con universidades chinas tan prestigiosas?

R: La apertura de EADA al mercado chino responde al creciente interés por parte de directivos y ejecutivos chinos de desarrollar negocios internacionales, establecer relaciones bilaterales con otros países de Europa y aprovechar las nuevas oportunidades que ofrece el mercado latinoamericano. En este sentido, los programas formativos de EADA, con un enfoque muy empresarial, encajan perfectamente con la demanda de estos perfiles. Aparte, está muy bien posicionada en los principales rankings internacionales, algo que en China se valora mucho.

Artículo originalmente publicado en el ‘EADA View’ nº 28

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