Ene 032018
 

Alumni- María Julia y Victoria con la comunidad de mujeres de NuestrAgua.

El Verano de Innovación Social Chiapas es un programa académico y de servicio a la comunidad con el objetivo de formar profesionales activos, con un alto sentido de lo ético, de lo social y de la sostenibilidad.

El programa lo organiza el Instituto Tecnológico de Monterrey– Campus Chiapas y  utiliza el modelo educacional TEC21, basado en el aprendizaje mediante retos reales.

Gracias a la estrecha relación institucional de EADA Business School y el Instituto Tecnológico de Monterrey, EADA ha seleccionado entre todo su colectivo de Masters Internacionales a 2 participantes para que acudan en su representación a aplicar sus conocimientos y experiencias en un reto social sobre ciudadanía y sistemas de agua segura en comunidades rurales.

Durante el Máster me han enseñado cómo aumentar las ventas, cómo mejorar la eficiencia y cómo gastar menos dinero en producción para aumentar los ingresos de las grandes multinacionales. Entiéndeme bien, me encantan los negocios, pero siempre tuve esa sensación de que me faltaba alguna cosa.

En marzo EADA convocó dos becas para participar en un programa del ITESM llamado Verano I, en México. Esta universidad organiza para sus estudiantes un programa de apoyo comunitario de 4 semanas de duración en el estado de Chiapas. El objetivo es impulsar proyectos locales para impulsar el desarrollo regional a través de la iniciativa emprendedora local. Tener la oportunidad de visitar una parte del país que todavía no conocía me hizo cambiar mi idea de México como país en desarrollo.

A pesar de la gran cantidad de lagos y cascadas, el acceso a agua limpia es un gran reto en Chipas.

Aprendí que Chiapas es uno de los estados más pobres del país, pese a ser rico en recursos naturales. Más del 70% de su población, unos 4 millones de personas, viven por debajo del umbral de de pobreza, y de ellos 1,6 millones se encuentran en situación de pobreza extrema. El estado de Chiapas se caracteriza por su gran diversidad cultural, al contar con un gran porcentaje de población indígena. El principal reto de Chiapas es transformar esta diversidad social y esta riqueza natural en un desarrollo sostenido sin perder su personalidad.

Una de las cosas más bonitas que vi en Chiapas fueron sus numerosos lagos y sus enormes cascadas. Paradójicamente, el acceso de la población al agua potable está muy limitado. Nosotros no tuvimos ningún problema con el agua potable al estar alojados en San Cristóbal de las Casas, una de las mayores ciudades en México, pero después de visitar poblaciones más pequeñas nos dimos cuenta de que se trataba de un problema muy importante. Muchas poblaciones que visitamos no cuentan con canalizaciones de agua ni sistemas de agua potable. Los habitantes tienen que hervir agua para tener acceso a agua “potable”. Esto crea una ventana de oportunidades para que las empresas vendan agua potable a precios elevados. Las familias que no pueden permitirse comprar agua embotellada suelen sufrir de problemas digestivos, especialmente los niños, cuyo sistema inmunitario es más débil.

La Fundación Cántaro Azul intentó dar la vuelta a esta situación y empoderar a las zonas rurales mediante el lanzamiento de la franquicia NuestrAgua. Las franquicias NuestrAgua son propiedad y están gestionadas por habitantes locales, con el objetivo de enriquecer a la comunidad local; al mismo tiempo, promueven el consumo de agua potable vendiéndola a un precio justo.

La Fundación proporciona a las franquicias un sistema de purificación y limpieza del agua, de modo que las propias franquicias pueden llenar y vender las botellas sin necesidad de ayuda externa. Aunque el principal objetivo de la fundación es impulsar la iniciativa emprendedora local, el propósito de nuestro proyecto allí era ayudarles a reducir costes y aumentar las ventas.

Neri forma parte del proyecto Verano I en Chiapas que se dedica al desarrollo de sistemas de agua purificada para la comunidad.

Pasamos las primeras semanas intentando comprender la vida diaria de la comunidad, de modo que pudiéramos identificar sus prioridades. Todos hablábamos el mismo idioma, aunque su idioma materno es el tzotzil; sin embargo, nuestras maneras de pensar y vivir son tan diferentes que tuvimos que esforzarnos para salir de nuestra zona de confort. Tuvimos la oportunidad de pasar mucho tiempo con las familias, y esto nos ayudó a cambiar nuestras formas de pensar. Hablar con Neri, un padre de familia de 23 años de edad, mientras compartíamos unos tacos en una casa fabricada con planchas de hojalata en Tziscao, un pueblo a 4 horas de la capital, me hizo darme cuenta de que mi concepción de pobreza y riqueza no era tan clara y precisa como yo creía. Neri estaba compartiendo todo lo que tenía (su casa, su comida, su tiempo y su sabiduría) con un grupo de extraños no porque esperara algo de nosotros, sino porque ésa era su forma de comportarse. Nos dijo que nunca había considerado que él mismo o su familia fueran pobres, porque nunca habían pasado hambre. Esta explicación me pareció simplista al principio, porque yo siempre había pensado que la vida es mucho más que la mera satisfacción de las necesidades fisiológicas. ¿Qué hay de la educación? ¿De la salud? ¿De la auto-realización? Pero fueron pasando las horas, y comprendí lo que Neri quería decir. Él nunca se había considerado pobre porque está viviendo la vida que vivieron sus padres, cuidando de la tierra y con la misma cultura que heredó. Quizás no fue a la escuela, pero sabe cuáles son las cosas que afectan a su entorno. Somos de la misma edad, pero vivimos unas vidas tan diferentes… El concepto de auto-realización es muy diferente para cada uno de nosotros, pero no hay uno mejor que otro, simplemente son conceptos diferentes. Me costó meses comprender esto (la situación en San Cristóbal de las Casas es un poco distinta, porque en la ciudad la cultura indígena choca con la cultura occidental). Me gustaría pensar que logré desembarazarme de la ideología paternalista que involuntariamente tenemos los europeos cuando visitamos países en desarrollo.

Unas semanas después, elaboramos un plan para reducir costes y aumentar las ventas a través de un plan de marketing que consensuamos con el grupo de mujeres responsable de la franquicia local. Desgraciadamente, no pudimos ver la implementación del proyecto, pero nos fuimos habiendo contribuido un poco y aprendido muchísimo. Durante el proyecto con Cántaro Azul, tuve la oportunidad de aplicar a una buena causa lo aprendido durante el Máster. Ahora creo que es posible aplicar los conocimientos empresariales para conseguir un mundo mejor.

Pocos días después de regresar a Barcelona, Chiapas sufrió un terremoto, y doce días más tarde otro temblor asoló la Ciudad de México, llevándose más de 300 vidas y derruyendo muchísimos edificios. Todo el mundo vio como los mexicanos emergían de las ruinas y reconstruían sus ciudades con sus propias manos. Espero que el sentimiento de comunidad y compromiso que surgió en México nunca desaparezca, y que ayude al país a progresar hacia un futuro mejor, en el que las individualidades no prevalezcan sobre la comunidad. Cada uno de nosotros puede contribuir a que el mundo sea peor o mejor. Es nuestra decisión. Decide con criterio.

Sobre el autor:

Maria Julia Mas es alumni del programa International Master in Management– edición 2017. Nació en Barcelona y es licenciada en Ciencias de la Política y Derecho. Ha colaborado con ONGs nacionales e internacionales y piensa que las iniciativas de emprendedores son clave para fortalecer comunidades.

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